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juan antonio samaranch un camaleon poliedrico..
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22/04/2010
El Plural / Política

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Fallecido en Barcelona, a los 89 años de edad

Juan Antonio Samaranch, un camaleón poliédrico y muy hábil

Aunque esperada desde hace algunos días, desde su reciente ingreso en el barcelonés Hospital Quirón de Barcelona a causa de una aguda insuficiencia coronaria, la muerte de Juan Antonio Samaranch ha causado gran impacto. Y no sólo en Barcelona o en Cataluña, donde el fallecido parecía ya un elemento inseparable del paisaje desde hace ya medio siglo, sino también en el conjunto de España y casi en todo el mundo. Porque Samaranch fue, sin duda alguna, uno de los españoles con mayor proyección y peso personal específico en el panorama internacional durante muchos años, como mínimo durante los veinte largos años, de 1980 a 2001, que presidió el Comité Olímpico Internacional (COI), del que era ahora presidente de honor, el mismo cargo que ocupaba en La Caixa.
Del franquismo a la democracia, siempre desde el deporte
Nacido el 17 de julio de 1920 en el seno de una familia de la alta burguesía catalana del sector textil, su afición por el deporte le llevó a interesarse muy poco por los estudios, diplomándose como profesor mercantil mientras practicaba el boxeo, el fútbol y sobre todo un deporte del que se convirtió en un eficaz divulgador en España, el hockey sobre patines. Periodista deportivo, vivió un curioso episodio cuando en 1943 se enfrentó a las amenazas que unos agentes de la Guardia Civil hicieron a los jugadores del Barça en el descanso de un partido jugado frente al Real Madrid, lo que le comportó verse privado del ejercicio del periodismo deportivo. No tuvo reparo alguno en afiliarse a Falange para volver al mundo del deporte, y en 1952, amén de asistir por vez primera a unos Juegos Olímpicos, los celebrados aquel año en Helsinki, presidía ya la Federación Española de Patinaje, en 1955 iniciaba un largo mandato de más de siete años como concejal de Deportes del Ayuntamiento de Barcelona –cargo desde el que organizó los segundos Juegos del Mediterráneo-, y en 1956 encabezaba la delegación española en los JJOO de Invierno en Cortina d’Ampezzo. Nombrado procurador en Cortes en 1964, en 1967, siendo ya miembro del COI, fue designado Delegado Nacional de Educación Física y Deportes, cargo en el que sucedió a dos importantes jerarcas franquistas como fueron el general Moscardó y José Antonio Elola. En 1973 fue nombrado presidente de la Diputación Provincial de Barcelona, cargo en el que, al igual que en el de procurador en Cortes, cesó en 1977, con la llegada de la democracia.

El cierre de una “brillante etapa histórica”
La camaleónica habilidad de Juan Antonio Samaranch se hizo evidente ya el mismo 20-N. Mientras los restantes jerarcas franquistas lanzaban aún loas a su Caudillo, Samaranch, entonces presidente de la Diputación de Barcelona, declaraba que la muerte de Franco representaba “el cierre de una de las más brillantes etapas de la historia de España”. Consciente del fin de una época, aquella misma noche hizo sustituir ya el retrato oficial del dictador por el de los entonces aún Príncipes Juan Carlos y Sofía, y no tardó mucho en colocar en la entrada de la sede de la Diputación el rótulo histórico de Palau de la Generalitat de Catalunya. Así se lo encontraron ya los primeros diputados y senadores catalanes elegidos el 15 de junio de1977, cuando con el socialista Joan Reventós al frente fueron recibidos por Samaranch, que les ofreció los servicios de la institución a la recién constituida Asamblea de Parlamentarios Catalanes.

Moscú como plataforma para presidir el COI
Con gran habilidad Juan Antonio Samaranch supo hacerse designar como el primer embajador de la España democrática en la Unión Soviética. Desde Moscú, en sus tres años de permanencia en el cargo y siendo ya vicepresidente del COI, Samaranch supo tejer una red de afinidades y complicidades con los dirigentes del movimiento olímpico hasta que, en la misma capital soviética y recién cumplidos los 60 años, alcanzó la por él siempre ansiada presidencia del COI.

El padre del movimiento olímpico moderno
Al frente del movimiento olímpico internacional Samaranch desarrolló una tarea ingente que incluso sus críticos reconocen como de gran calado. No sólo logró poner fin a los sucesivos boicots políticos sufridos por las citas olímpicas de 1976, 1980 y 1984, sino que logró hacer de los Juegos Olímpicos la gran cita mundial por excelencia, con la admisión de la participación de los deportistas profesionales y el saneamiento económico de estas convocatorias.

Barcelona’92, su mejor recuerdo
Difícilmente Barcelona hubiese conseguido ser la sede de los Juegos Olímpicos si Samaranch no hubiese presidido el COI. Desde que el entonces alcalde barcelonés Narcís Serra le tanteó sobre el proyecto, a principios de los años 80, Samaranch se volcó por completo y luchó contra viento y marea, tanto a nivel internacional como en Cataluña y en el resto de España, hasta poder anunciar, con una emoción nada disimulada, que la ciudad designada como sede de los Juegos Olímpicos de 1992 era “la ville de Barcelona”. Con la misma emoción, al término de la cita olímpica barcelonesa, la definió como “los mejores Juegos Olímpicos de la época moderna”.

Nueve últimos años de activísimo retiro
Tras más de veinte años como presidente del COI, en 2001, a los 81 años de edad, Juan Antonio Samaranch no optó ya a una enésima reelección y dejó el paso al francés Jacques Rogge, su sucesor, pasando él a ejercer la presidencia de honor del movimiento olímpico internacional. Aceptó la presidencia de La Caixa, de la que era ahora también presidente de honor, y ejercía ambos cargos con inusitada actividad para su edad, del mismo modo que seguía con la práctica de algunos deportes y cultivando sus aficiones artísticas, que le habían llevado tanto a la creación del Museo Olímpico de Lausana como a formar parte de la Real Academia de Bellas Artes Sant Jordi de Barcelona.

Un insólito reconocimiento casi unánime
A su muerte Samaranch ha obtenido un reconocimiento público casi unánime. Aquel joven burgués barcelonés que optó por el deporte en lugar de dedicarse a los boyantes negocios textiles familiares, que a través del deporte entró en la político y medró sin reparos durante el franquismo hasta que supo reconvertirse hábilmente desde la embajada de España en Moscú en presidente del COI, padre del olimpismo moderno y uno de los artífices esenciales de los Juegos Olímpicos de Barcelona, tiene ahora su capilla ardiente en el Palau de la Generalitat de Catalunya, institución que ya en 1985 le concedió su máxima condecoración, la Medalla d’Or, del mismo modo que en 1988 recibió el Premio Príncipe de Asturias del Deporte y el Premio de la Paz concedido por Corea del Sur, del mismo modo que desde 1991 era, por designación real, marqués de Samaranch.

Una lección de Memoria Histórica
Cuando tanto se habla y dice acerca del supuesto revanchismo y ajuste de cuentas que animaría a quienes defendemos la necesidad de recuperar y asumir nuestra Memoria Histórica más reciente, sobre todo la de la dictadura franquista y la transición a la democracia, el caso de Juan Antonio Samaranch, al igual que el de Adolfo Suárez y muchos otros personajes públicos procedentes del franquismo y hábilmente reconvertidos a la democracia, ilustra acerca del proceso de reconciliación nacional que supuso el periodo de la transición. Pero para que hubiera reconciliación nacional fue necesario que quienes fueron franquistas aceptaran, asumieran y defendieran el conjunto de valores que representa la democracia. Samaranch supo hacerlo.

Jordi García-Soler es periodista y analista político
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