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Cobra en su salsa
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Cobra en su salsa
Si querían cantantes, ¿por qué auspiciaron a los freakies? Y si querían freakies, ¿de qué se quejan?

5 votos Añadir comentario LA VANGUARDIA.ES
Pilar Rahola | 28/02/2010 | Actualizada a las 03:31h | Ciudadanos LAA pesar de que la semana acaba con debate fallido, y de que los ciudadanos han podido visualizar la incapacidad política de unir esfuerzos contra la crisis, el otro gran debate, más arrabalero, ha copado, sin embargo, las tertulias populares. No es para menos, porque la polémica tenía todos los ingredientes para convertirse en un suculento festín: televisión pública, presentadora con aires de yo-no-hagotv-cutre, festival de Eurovisión recuperado del jurásico, y un tipo con más neuronas en el bajovientre de las que posee en su rotunda testa. Todo bien condimentado con semanas de "votación popular", oportuna censura a las Karmeles, y el mensaje publicitario de que el tal engendro tenía, como base, al mismísimo pueblo. Por supuesto, todo ello con aires de televisión seria, no en vano hablamos de la pública. Y entonces ocurrió el desaguisado, uno de los finalistas, con un largo historial de soez cutreo, montó el número testosterónico, se asió su colgante zona inteligente y dejó escapar, por su boquita de piñón, las sesudas ideas previsibles.

El Cobra consiguió su cuarto de hora warholiano, la delicada Ane Igartiburu hizo lo que pudo y los directivos de la pública se rasgaron las vestiduras, víctimas de un provocador en hora punta. ¿Víctimas? Veamos. Por supuesto, lo del Cobra no es más soez que una buena pelea de Big Brother, o el enésimo revolcón adolescente bajo la atenta mirada de maesa Milá. La televisión hace años que ha decidido que su agosto pasa por la vulgaridad, y así lo certifican los millones que se enganchan a la susodicha con desacomplejada fruición. Pero lo que no es de recibo son los remilgos de la pública, cuyas tragaderas no tuvieron empacho, en su momento, en pagar una fortuna a la mismísima nieta de Franco para que se diera unos pasos. Lo cual no debe de ser vulgar, pero es indecente. Y en el caso que nos ocupa, Televisión Española ha hecho lo siguiente, todo, por supuesto, con criterio público: primero apostar por un festival carpetovetónico que, en su época, hizo las delicias del franquismo; después, buscar un cantante en los lugares más prestigiosos. ¿En los conservatorios, entre las jóvenes promesas? Para nada, ¡qué simpleza! Los ha buscado en la jungla de internet, allí donde cualquiera podía auspiciar a su freaky preferido para que se echara unos berridos ante el mundanal ruido. Y después de cortar alguna incómoda cabeza, ha montado una final con lo mejor de cada casa. Entre ellos, el famoso Cobra, cuyo estilo no escondía sorpresas. ¿El resultado? El previsible numerito barriobajero. Y entonces van y se muestran escandalizados. La pregunta es, si querían cantantes, ¿por qué auspiciaron una selección de freakies? Y si querían freakies, ¿de qué se quejan? En fin, lo dijo Woody Allen, "el dinero es mejor que la pobreza, aunque sólo sea por razones financieras". Pasa lo mismo con la audiencia.
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