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¿Donde fue aquella izquierda?
#1

No trato de ofender a nadie, ni poner en evidencia lo que mucha gente de izquierdas sabe, pero si esta bien saber donde nos movemos. Quien lea el siguiente artículo publicado en La Nueva España podrá entenderme cuando digo que la izquierda a muerto y un cadaver no puede dirigir nada.


Periodismo de opinión en Reggio’s
Aquel referéndum sobre la OTAN, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España
En el 25.º aniversario de Izquierda Unida

«¿Fue ahí cuando se jodió el socialismo, con el referéndum OTAN planteado como un plebiscito gaullista, yo o el caos, o mucho antes cuando el poder político del PSOE felipista hizo que el Tribunal Constitucional votara, en voto de calidad de su presidente, García-Pelayo, que la nacionalización de Rumasa, llevada a cabo sorpresiva y contundentemente por el Gobierno de González el 23 de febrero de 1983, era un procedimiento “constitucional”, momento y fecha en que el criptoleninismo priísta de Alfonso Guerra comenzó a organizar la muerte de Montesquieu?» (J. J. Armas Marcelo).

Un PCE tocado y malherido tras las elecciones del 82. Carrillo presentó su dimisión y le cedió el testigo a Gerardo Iglesias, que no fue todo lo dócil que esperaba el legendario dirigente comunista y, como consecuencia de ello, los enfrentamientos derivaron en ruptura.

Por otra parte, el entusiasmo de octubre del 82 tras la histórica victoria de González iba decreciendo. Nunca se escenificó con tanta claridad aquello de que los programas electorales se conciben para ser incumplidos. Ni se creaban 800.000 puestos de trabajo, ni se mantenía aquello de «OTAN, de entrada, no».

Así las cosas, buena parte del electorado de izquierdas, que se había decantado en el 82 por el PSOE por aquello del voto útil, empezaba a estar altamente desencantada, y ese desencanto se fue aglutinando en torno al rechazo de entrada en la OTAN, quizá no tanto al ingreso en sí mismo como al cambio de postura del PSOE. El hecho fue que casi un 40% de la población votó que no al referéndum convocado por el Gobierno. Ante semejante panorama no era ilógico que todo el espectro político situado a la izquierda del PSOE se sintiese respaldado socialmente.

IU nació el 27 de abril de 1986, poco después de aquel referéndum. Había esperanzas en una izquierda plural y no dogmática, en una izquierda que, sin embargo, no estaba dispuesta a incurrir en las renuncias y renuncios del PSOE.

El propio Gerardo Iglesias fue el coordinador general de la coalición hasta 1988, cuando le sucedió Julio Anguita. Y se puede decir que, tras la marcha de Anguita, la coalición de izquierdas viene sufriendo un proceso agónico no sólo por la pérdida, cada vez mayor, de apoyo electoral, sino también por un confusionismo ideológico que le hace quebrantar continuamente su credibilidad.

El referéndum de la OTAN y el 14-D fueron los dos grandes acontecimientos en los que quienes estaban a la izquierda del PSOE se podían sentir representados en las protestas sociales. Sin embargo, nada de eso se tradujo en hechos.

A día de hoy, IU es una coalición marginal que no cuenta con un apoyo social mínimo. Por eso, en el 25 aniversario de su fundación se impondría un análisis crítico que, mucho me temo, no va a ser llevado a cabo.

Tendríamos que preguntarnos qué bandera ideológica defiende a día de hoy IU. Si no cabe un discurso prosoviético, a poco que se tenga una noción mínima de la realidad, el hueco de la coalición tendría que estar, en todo caso, a la izquierda del PSOE, pero en algo más que en el papel, es decir, en programas concretos con políticas concretas, en aquello que tanto repetía Anguita de «programa, programa, programa».

Y, por otra parte, IU sufre el mismo mal que el resto de los partidos, es decir, el de la mediocridad de sus dirigentes políticos. El señor Lara está a años luz de Anguita. Podemos no dudar de sus buenas intenciones, pero no perdemos de vista que su discurso no va más allá de una serie de tópicos inconsistentes.

¿Qué se hizo de la izquierda política y sindical? ¿Puede haber una izquierda política con fuerza y credibilidad cuando los dos sindicatos mayoritarios gozan de una serie de privilegios para sus altos cargos y liberados que colisionan de plano con los derechos de los que dicen defender, para empezar con los de los casi 5 millones de parados que hay en este país? ¿Qué fue la huelga del pasado septiembre más que un paripé entre el Gobierno y los sindicatos?

Aquel referéndum sobre la OTAN, aquella huelga del 14- D. ¡Qué mal aprovechó la izquierda las ocasiones en las que pudo poner a no pequeña parte del electorado de su parte!

¿Qué es ahora IU? ¿Una coalición que celebra el 14 de abril, declarándose republicana, sin saber dónde ubicar la hoz y el martillo que poco tienen que ver con el republicanismo español? ¿Una especie de segunda marca del PSOE, tal y como sucede aquí en Asturias? ¿Un refugio para dirigentes mediocres, como es el caso de don Jesús Iglesias, que se limita a anunciar catástrofes si gana la derecha, al tiempo que se entromete en las vidas de sus adversarios con una moralina que es cualquier cosa menos izquierda? ¿Acaso las políticas de Areces, que IU vino avalando en los últimos años, pueden ser calificadas, en rigor, de izquierdas? ¿Qué debates internos tiene esta coalición para que se mantenga al frente un señor que tiene el dudoso honor de haber protagonizado por vez primera la pérdida de un diputado asturiano del PCE o de IU en Madrid? ¿Con qué ímpetu vino esta coalición exigiendo transparencia en los asuntos públicos de Asturias antes y después del «caso Renedo»?

¿Qué queda, en España y en Asturias, del significado de una coalición que nació contra el desencanto? ¿Qué tienen que ver Cayo Lara y Jesús Iglesias con todo aquello?

No tiren cohetes, por favor.
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