ARTÍCULOS DE OPINIÓN 
- ENRIC SOPENA
03/12/2008
Cabos sueltos
Aznar, contra las cuerdas y Rajoy ni está ni se le espera
El lacayo español de George W. Bush está que trina, anda indignado y se sube por las paredes. La verificación documental de que él y sus más íntimos colaboradores autorizaron el traslado ilegal de personas al infierno de Guantánamo –que es la prueba del nueve de cómo los EEUU, con su actual presidente, quebrantó sin complejos y deliberadamente el Estado de Derecho- ha desquiciado a José María Aznar.
<!-- Pero lo que le ha puesto más todavía de los nervios es observar la pasividad de su partido a la hora de defender a su antiguo líder y
Gran Capitán de las gravísimas acusaciones filtradas desde la Moncloa. No soporta Aznar que el
PP de Mariano Rajoy se haya encogido de hombros, mirado hacia otro lado y salido del atolladero con más o menos cuatro palabras de trámite.
En tromba
Acostumbrado a las salidas en tromba de sus fieles más fervorosos –como era el caso de Ángel Acebes y de Eduardo Zaplana, entre otros mosqueteros de menor relieve-, Aznar se encuentra desguarnecido. Hace unos días, se puso en contacto con su sucesor – que él eligió por el procedimiento digital- y le recriminó la frialdad o el distanciamiento de los
populares ante el agravio que sufre.
La guardia mora
Tuvo que pedir auxilio a la
guardia mora, la que trabaja a su servicio en FAES, el cuartel general del
aznarismo, que cada vez más recuerda un búnker. También parece que trasmitió un mensaje de SOS a la prensa amiga y es verdad que ha encontrado eco en las páginas de la mayor parte de diarios de la derecha. El llamado Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) -compuesto por lo más graneado que hay en España respecto a la doctrina neocon- ha sido, como siempre, el más aguerrido. El GEES habita en FAES y publica en
Libertad Digital, que controla Federico Jiménez Losantos.
El problema de fondo
El problema de fondo para Aznar -y de rebote para el
PP- es que no se trata de una especulación o una simple hipótesis de trabajo. El problema es que, con su consentimiento y siendo presidente del Gobierno, Aznar alardeaba de que, frente al terrorismo, no valían los “atajos” –en alusión a los GAL-, mientras que él avalaba los “atajos” aéreos que conducían a Guantánamo. A este predicador de presunta ética política se le ha visto el plumero. De hecho, ya se le vio en aquellos aciagos días de las Azores y de los encuentros con Bush, cuando su particular atajo en relación a Irak consistía nada menos que en una guerra de ocupación, sin que le importaran ni los miles de muertos civiles y militares de uno y otro lado.
Espanto en Génova
Evocar aquella guerra y, además, otras fechorías –como la de los vuelos de la CIA- sigue provocando espanto en la cúpula de Génova 13. Aunque todos los dirigentes de la derecha política cerraron entonces filas con Aznar –incluido Alberto Ruiz-Gallardón-, lo cierto es que, en
petit comité, mostraban sus discrepancias más de forma que de fondo, como hizo el vicepresidente segundo de su Ejecutivo, Rodrigo Rato. No las tenían todas consigo y temían que la guerra acabara perjudicando seriamente a su partido. Lo que acabó pasando, máxime después de la masacre del 11-M.
Lavatorio de manos
Rajoy, que es un experto en lavatorio de manos, se quejó a Aznar –según versiones fiables- al conocer la derrota, tratando de pasar la factura a la cuenta de su guerra. Aznar le habría contestado que el candidato perdedor no era él, sino quien le hablaba. Sea como fuere, esa guerra hundió a Aznar y dejó seriamente tocados a los líderes de la derecha. Justo cuando Bush se halla a punto de abandonar la Casa Blanca, han emergido a la luz pública los secretos de Guantánamo señalando al ex presidente de España.
Para mayor escarnio
Para mayor escarnio de Aznar, no sólo Zapatero consiguió estar presente en la cumbre de Washington, sino que por fin fue recibido por Bush. Ahora, documentos oficiales culpan a Aznar de connivencias perversas con la Administración Bush. Zapatero ha exhibido de nuevo su capacidad para dominar el escenario y controlar los tiempos. De modo que mientras Zapatero se fortifica, Aznar se encuentra contra las cuerdas. ¿Y Rajoy? Como siempre, ni está ni se le espera.
Enric Sopena es director de El Plural
-->Pero lo que le ha puesto más todavía de los nervios es observar la pasividad de su partido a la hora de defender a su antiguo líder y
Gran Capitán de las gravísimas acusaciones filtradas desde la Moncloa. No soporta Aznar que el
PP de Mariano Rajoy se haya encogido de hombros, mirado hacia otro lado y salido del atolladero con más o menos cuatro palabras de trámite.
En tromba
Acostumbrado a las salidas en tromba de sus fieles más fervorosos –como era el caso de Ángel Acebes y de Eduardo Zaplana, entre otros mosqueteros de menor relieve-, Aznar se encuentra desguarnecido. Hace unos días, se puso en contacto con su sucesor – que él eligió por el procedimiento digital- y le recriminó la frialdad o el distanciamiento de los
populares ante el agravio que sufre.
La guardia mora
Tuvo que pedir auxilio a la
guardia mora, la que trabaja a su servicio en FAES, el cuartel general del
aznarismo, que cada vez más recuerda un búnker. También parece que trasmitió un mensaje de SOS a la prensa amiga y es verdad que ha encontrado eco en las páginas de la mayor parte de diarios de la derecha. El llamado Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) -compuesto por lo más graneado que hay en España respecto a la doctrina neocon- ha sido, como siempre, el más aguerrido. El GEES habita en FAES y publica en
Libertad Digital, que controla Federico Jiménez Losantos.
El problema de fondo
El problema de fondo para Aznar -y de rebote para el
PP- es que no se trata de una especulación o una simple hipótesis de trabajo. El problema es que, con su consentimiento y siendo presidente del Gobierno, Aznar alardeaba de que, frente al terrorismo, no valían los “atajos” –en alusión a los GAL-, mientras que él avalaba los “atajos” aéreos que conducían a Guantánamo. A este predicador de presunta ética política se le ha visto el plumero. De hecho, ya se le vio en aquellos aciagos días de las Azores y de los encuentros con Bush, cuando su particular atajo en relación a Irak consistía nada menos que en una guerra de ocupación, sin que le importaran ni los miles de muertos civiles y militares de uno y otro lado.
Espanto en Génova
Evocar aquella guerra y, además, otras fechorías –como la de los vuelos de la CIA- sigue provocando espanto en la cúpula de Génova 13. Aunque todos los dirigentes de la derecha política cerraron entonces filas con Aznar –incluido Alberto Ruiz-Gallardón-, lo cierto es que, en
petit comité, mostraban sus discrepancias más de forma que de fondo, como hizo el vicepresidente segundo de su Ejecutivo, Rodrigo Rato. No las tenían todas consigo y temían que la guerra acabara perjudicando seriamente a su partido. Lo que acabó pasando, máxime después de la masacre del 11-M.
Lavatorio de manos
Rajoy, que es un experto en lavatorio de manos, se quejó a Aznar –según versiones fiables- al conocer la derrota, tratando de pasar la factura a la cuenta de su guerra. Aznar le habría contestado que el candidato perdedor no era él, sino quien le hablaba. Sea como fuere, esa guerra hundió a Aznar y dejó seriamente tocados a los líderes de la derecha. Justo cuando Bush se halla a punto de abandonar la Casa Blanca, han emergido a la luz pública los secretos de Guantánamo señalando al ex presidente de España.
Para mayor escarnio
Para mayor escarnio de Aznar, no sólo Zapatero consiguió estar presente en la cumbre de Washington, sino que por fin fue recibido por Bush. Ahora, documentos oficiales culpan a Aznar de connivencias perversas con la Administración Bush. Zapatero ha exhibido de nuevo su capacidad para dominar el escenario y controlar los tiempos. De modo que mientras Zapatero se fortifica, Aznar se encuentra contra las cuerdas. ¿Y Rajoy? Como siempre, ni está ni se le espera.
Enric Sopena es director de El Plural
Sr aznar, ¿sobre los vuelos de la CIA que aterrizaban en España para ir al interrogatorio criminal de Guantanamo, no dice nada? ¿no le interesa?