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Mónica G. Prieto
Suleiman I, ¿el torturador?
TeleSUR 11.02.2011
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El actual hombre fuerte de Egipto es un socio privilegiado de EEUU e Israel.
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Mahmud Habib, ciudadano egipcio-australiano de 46 años, le secuestraron en Pakistán. En estos tiempos donde no es necesario ser culpable de nada para terminar en prisión, su destino parecía marcado: según relata la periodista Lisa Hajjar, directora adjunta del diario Al Jaddaliya y profesora de Sociología de la Universidad de California-Santa Bárbara, fue colgado de un gancho y electrocutado a petición de agentes norteamericanos antes de ser transferido a miembros de la CIA. Gracias al acuerdo de rendiciones extraordinarias -así llamadas porque no se ciñen a la legalidad: suelen ser, en realidad, secuestros encubiertos- firmado en 1995 entre la Inteligencia norteamericana y su contraparte egipcia, dirigida por Omar Suleiman, Habib fue enviado a Egipto: le desnudaron, le pusieron un supositorio y un pañal y le "envolvieron como a un rollito de primavera" antes de meterle en el vuelo al país donde nació.
Habib plasmó lo que vino después en su libro, Mi historia: el cuento del terrorista que no lo era, donde explica cómo fue sometido a electroshocks, sumergido en agua hasta la nariz y golpeado repetidamente. Le rompieron los dedos y fue colgado de ganchos metálicos. En un momento dado, su torturador le dio tal bofetada que la venda que le cubría los ojos se deslizó: así pudo ver que el hombre que se ensañaba con él. Era Omar Suleiman, número dos del régimen egipcio, en persona. La frustración del jefe de espías era mayúscula, prosigue Hajjar, porque Habib no terminaba de confesar, así que ordenó a un guarda que asesinara a un preso encadenado delante del torturado: lo hizo de una patada de kárate. Pero Habib nunca confesó, sino que sostuvo en todo momento su inocencia: en abril de 2002 fue transferido a Guantanamo, donde pasó tres años antes de que una periodista descubriese y contara la historia de sus torturas. Publicada en la prensa norteamericana, la Casa Blanca le eximió de todos los cargos y le devolvió a Australia.
El relato de Habib no es el único que vincula al hombre de transición egipcia, responsable de la temible maquinaria del Muhabarat (Inteligencia), con las torturas. Lo que desde Occidente se vende como un paso adelante en la transición hacia la democracia es, para los egipcios, más de lo mismo pero sin la careta que hasta ahora portaba el rais. Omar Suleiman y Hosni Mubarak son el mismo hombre: el primero, el cerebro gris que opera desde las sombras y el segundo, la cara pública de un régimen basado en la represión y las torturas que lleva años siendo años denunciado por organizaciones como Amnistía Internacional o Human Rights Watch sin que sus aliados de EEUU o la UE alzaran sus voces.
Si el rais lleva 30 años al frente de la Presidencia, Suleiman lleva 25 vinculado con la Muhabarat, que en los países árabes equivale a la represión. Nacido en Queta en 1935, ingresó con 19 años en la Academia Militar egipcia para escapar de la pobreza. Tras combatir en dos guerras contra Israel (la Guerra de los Seis Días y Yom Kippur) a mediados de los 80 fue ascendido a vice responsable del espionaje militar; en 1993 pasó a convertirse en director de la Inteligencia egipcia, y con los años se revelaría como un maestro de espías en todo Oriente Próximo.