Efectivamente, el
PP tiene ese 30% del censo electoral, lo que el 70% restante no le pertenece, es decir, casi tres personas le han dicho que no, mientras que una y poco más le han dicho que sí.
Aquellos que le dijeron que no, ¿por qué y por quién apostaron? Salvo un exiguo porcentaje, han votado políticas de muy similar contenido que las del
PP; y esto, para mí, si es lo verdaderamente preocupante. Qué queda de la izquierda auténtica, la que verdaderamente puede trabajar para conseguir un verdadero cambio de sistema, pues queda una ínfima minoría, y de esa ínfima minoría, si se les rasca un poco, posiblemente nos encontremos que la materia que tiene para hacer un cambio por la izquierda sea bastante débil, es decir, maleable…
En los tiempos que corren, una izquierda, tipo
IU, tendría que haber cosechado más de 100 diputados, sin embargo, vemos que están eufóricos, y lo están porque han subido cerca de un 500% en escaños, cuando sólo han aumentado en votos un 80%. El margen de maniobra política que le queda a
IU, institucionalmente, para mí es totalmente nulo: 11 diputados contra casi 330. Y esta es la lectura que yo saco de esta elecciones, que no hay una izquierda con fuerza para cambiar este sistema de las “primitas dichosas de las finanzas que nos están ahorcando”. Tenemos que empezar a hablar y escribir claramente que el
PSOE no tiene en absoluto nada de IZQUIERDAS.
¿Votaron los 5.000.000 de parados? ¿Votaron los millones que ya están en el umbral de la pobreza? ¿Votaron los indignados, millones de indignados? ¿Votaron los millones de empleados que cobran una miseria y trabajan más horas que las que tiene el día? Si votaron, entonces no votaron a la izquierda.
Triste conclusión. Estamos alienados y no sabemos ver las injusticias, mejor dicho, no sabemos acabar con ellas